domingo, 12 de junio de 2011

CIELO 3° parte

Cielo se encaminaba hacia las puertas celestes que era un gran umbral hecho de madera pintado del azul del cielo, simbolizando la entrada hacia otro mundo, el mundo donde habitaba un Dios.

Debía darse prisa, pronto amanecería, y los guardias despertarían, aun era de madrugada y estaba oscuro, apenas lograba divisarse algo, pero Cielo había practicado con anterioridad el camino en la oscuridad, y se había acostumbrado a ver en la oscuridad, también había dejado una semana antes marcado el camino cuesta arriba hacia la cueva, había dejado unas pequeñas piedrecitas mágicas, estas consistían en un truco muy simple; estas piedras se encontraban a las afueras de Merciss, cerca de la aldea de Llauna, ahí habitaba una mujer que practicaba la hechicería, la mujer se llamaba Myla, y era muy conocida en este ámbito, ella le dio a Cielo una bolsita la cual contenía  piedritas preciosas, de hermoso color esmeralda, luego le explico el funcionamiento: estas debían ser puestas  desde arriba hacia abajo, en línea recta, Cielo debía quedarse con la ultima, luego cuando estuviera oscuro y necesitara encontrar el camino, debía llegar hasta la primera piedra y decir una palabra clave que haría que las demás se fueran encendiendo una tras otra y así la guiarían hasta la cueva; cuando Cielo llego hasta la primera piedra saco de su bolsillo la que ella había reservado para si, y las coloco juntas y dijo "luz", increíblemente una tras otra las piedras que había colocado con anterioridad se encendieron, y le mostraron el camino hacia la cueva, en plena oscuridad.

 Cielo conocía muy bien el bosque de la montaña, ya que muchas veces había subido ahí sola, a observar el vasto cielo e admirarlo, pero ahora por primera vez, sintió algo que nunca pensó sentir, y que nunca había sentido hasta ahora, sintió miedo, cada vez mas que se acercaba a la cueva su corazón palpitaba mas y mas fuertemente, ya pasando las puertas celestes, luego de encontrar a los guardias dormidos, Cielo se sintió un poco mas aliviada, pero ese sentimiento duro muy poco, ahora se hallaba recorriendo las escaleras sagradas, y aunque ella no creía en esto, cada peldaño le recordaba el temor a las leyendas que se rumoreaban, ya había subido unos 20 peldaños, y por su mente cada peldaño le decía que se devolviera, que diera vuelta y fuera igual a los demás, uno, dos, tres, cada peldaño atormentaba su mente, y cada vez subía mas y mas lento, cuatro, cinco, seis, sudando vio como a ante sus ojos las escaleras parecían cada vez mas y mas, como si su numero aumentara cada vez que ella subía un peldaño, siete, ocho, nueve, y se detuvo....

Sacerdotisa.
....un sudor frio recorrió su cuerpo, y la obligo a voltear, al ver cuanto había subido, al ver todo lo que había dejado atrás, al ver que sentía miedo, lo decidió, giro rápidamente y subió corriendo el resto de los peldaños, cada peldaño le decía que debía temer, y ella temía, pero no dejaría que el temor la inutilizara, siguió y siguió subiendo cada vez mas y mas decidida, el sol comenzaba a asomarse por el norte, debía darse prisa, había perdido mucho tiempo dudando y temiendo, pero estaba orgullosa, orgullosa de que aun cuando sus piernas temblaban y su mente le traicionaba,  aun así, pudo llegar, y se hayo a la entrada de la cueva inmóvil, paralizada, sin aliento, sin saber que hacer, todo su cuerpo le decía que estaba bien, había logrado lo que nadie antes había hecho (claro esta nadie aparte de la sacerdotisa), se había probado así misma, era fuerte, y podía volver con la frente en alto, pero algo paso por su mente....

.....debió haber retrocedido, debió haber vuelto, debió dejar el orgullo de lado, no debió entrar...
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